Desafío Ultra Fitz Roy: La historia de Silvia Inostroza tras los 70 km en El Chaltén

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Actualizado: octubre 21, 2026

Correr en la montaña implica mucho más que resistencia física; es un compromiso diario con la disciplina, la preparación mental y el deseo constante de superación personal. Tras haber completado los 42 km el año anterior en la Ultra Fitz Roy de El Chaltén, la atleta Silvia Inostroza tenía el objetivo muy claro: dar el salto y conquistar la distancia de los 70 km.

Hablamos con Silvia sobre lo que significa preparar una prueba de esta magnitud, los paisajes únicos de la Patagonia, los momentos más exigentes del circuito y la recompensa de cruzar la meta.

El salto a los 70 km y una preparación de más de seis meses
Aceptar el desafío de una distancia más larga no fue una decisión tomada a la ligera. La motivación principal de Silvia fue la búsqueda constante de autosuperación. Para llegar en condiciones óptimas a El Chaltén, el proceso exigió más de seis meses de entrenamiento riguroso tanto en lo físico como en lo mental.

Bajo la guía de la corredora y entrenadora Nazarena Gallegos, la preparación incluyó un trabajo integral y compartido:
Altimetría y desnivel: Entrenamientos continuos en los cerros de la cuenca para ganar la elevación requerida.
Velocidad y llano: Series de pasadas en ruta (como bloques de 8 x 300 metros).
Rodaje competitivo: Para llegar con ritmo, Silvia participó previamente en los 42 km de la Patagonia Cump en Torres del Paine, donde se quedó con el primer puesto.
Un recorrido único entre paisajes soñados y dureza extrema
Cada trail tiene su mística, pero El Chaltén guarda sensaciones únicas para quienes recorren sus senderos. A pesar del ritmo de competencia, para los amantes de la montaña es inevitable dejarse deslumbrar por el entorno.

«Para los amantes de las montañas es muy difícil… Las vistas son soñadas y muy hermosas. A pesar de la exigencia, cada aventura en este lugar es completamente diferente a cualquier otra.»

El circuito regaló postales inolvidables al pasar por la Estancia Bonanza, Piedras Blancas y Laguna Torre. Además, el clima acompañó de manera especial, regalando un día de sol acompañado por una breve y gratificante lluvia.

Sin embargo, la verdadera prueba de fuego llegó en el tramo final de la competencia:

«Lo más duro fue subir la Loma del Pliegue Tumbado, que tiene aproximadamente 1000 metros de desnivel positivo. Eso fue tremendo, imposible de correrlo, pero valió la pena cada paso porque la vista al llegar arriba fue simplemente increíble.»

El sacrificio detrás de la meta y el próximo objetivo
Detrás de cada atleta que cruza la línea de llegada hay un esfuerzo invisible que va más allá de salir a correr. Cruzar la meta de los 70 km fue para Silvia la coronación de meses de renuncias, frío, cansancio y días de entrenamiento donde las energías escaseaban, pero la determinación se mantenía intacta.

«Al cruzar la meta recordé todo el laburo realizado día a día. Fueron reuniones canceladas, horas de frío, sueño y días al 50%. Pero soy una mujer que si se propone algo, lucha día a día por conseguirlo. Sabía lo que conllevaba cumplirlo y, gracias a Dios, se logró. Amé esta carrera y me siento orgullosa de lo que conseguí.»

Con la satisfacción de la meta cumplida y la medalla en el pecho, la mirada de Silvia ya está puesta en el horizonte. Fiel a su espíritu competitivo, su siguiente paso ya tiene cifra: los 100 km.

«Nada es imposible si uno lucha por lo que sueña y con disciplina todo se alcanza.»

Un mensaje para la comunidad trail
Para cerrar, Silvia quiso enviar un cálido saludo a sus compañeros de sendero:

«Me gustaría poder mandar un saludo y abrazo sentido a todos los corredores que participaron en Ultra Fitz Roy, felicitarlos a cada uno por cumplir sus objetivos y finalizar la carrera.»

La historia de Silvia Inostroza en la Ultra Fitz Roy demuestra que los límites solo existen para ser superados. Su camino hacia los 70 km no fue solo una prueba de resistencia física, sino una lección de constancia, entrega y pasión por la montaña. Con la disciplina como bandera y la vista firme en los próximos 100 km, Silvia deja en claro que cuando hay convicción, cada paso vale la pena.

Por Maira Valenzuela.

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